Emprendimiento social, la base de Hugger Island

Revista Emprendedores

La fundación trabaja para mejorar la calidad de vida de las personas a través del afecto.


El amor es un poder de transformación muy grande en el mundo, y eso lo saben en Hugger Island, una fundación que dona abrazos para ayudar a personas con dificultades emocionales y económicas.

La idea es de Viviana OtálvaroGuzmán, quien junto a su hermano, Santiago Otálvaro, le dieron vida a esta fundación con el objetivo de generar desarrollo humano a través del diseño.

Viviana estudió Ingeniería de Diseño de Producto en la Universidad Eafit, fue docente durante algunos años en diferentes universidades y decidió comenzar a aplicar la teoría con la que trabajó durante tanto tiempo.

Ella quería llevar a la práctica todo lo que estudió para ayudar a otras personas, porque está convencida de que el diseño no solo se trata de consumo sino que va más allá de las emociones.

Tuvo la oportunidad de participar en Alemania de una beca de emprendimiento social, donde compartió con 21 personas de 15 países con ideas de negocios pensadas en el bienestar de la comunidad. Allí obtuvo el segundo lugar.

“La fundación diseña objetos y experiencias. La idea es que el diseño pude generar bienestar en distintas comunidades, siendo algo más pensado en el desarrollo humano”, cuenta Viviana.

Lo que hace Hugger Island, que fue constituida legalmente en junio de 2016, pero en realidad nació hace dos años, es elaborar unos abrazadores que se encargan de ayudar a las personas emocionalmente a través del afecto. Viviana aclara que no es un juguete, que va mucho más allá y se convierte en una herramienta emocional.

El abrazador, que se adapta al cuello de la persona, es decir, la abraza, no tiene ojos ni boca ni nariz, pero sí corazón, y todo lo hace a partir de este. Cada uno, tiene una historia que viene en un libro y así permite a los niños, que son el principal público de Hugger Island, identificarse y encontrase con ellos mismos.

“Como el abrazador no tiene una caracterización, es muy fácil que los niños se proyecten a ellos mismos o la persona con la que se relacionan afectivamente, casi como si fuera una hoja en blanco, es como una sombra, y uno decide quién es esa sombra”, explica Viviana.

A través de esa herramienta simbólica, se puede crecer como persona y a confiar en que todo puede ser posible si se cree en uno mismo.

Los abrazadores han llegado a fundaciones y hospitales para hacer donaciones y así ayudar, en la mayoría de los casos, a los niños. Cuando llegan a estos lugares tienen un acompañamiento de psicólogos y trabajadores sociales que conocen el contexto y la situación de cada uno, porque de eso depende qué abrazador regalarán.

“Lo que más cuidamos nosotros es que realmente haya un trabajo fuerte detrás para que no se quede en un juguete y ya”, aclara Viviana.

Ellos nacieron en una isla, en total son cuatro y todos tienen una historia diferente. Por ahora son cuatro y son elaborados con materiales amigables con el medio ambiente. Quienes se encargan de fabricarlos son 11 mujeres de las comunas 7 y 8 que trabajan desde sus casas y lograron mejorar su calidad de vida a partir de esta posibilidad.

Un abrazador cuesta 40.000 o 60.000 pesos. Con el primer valor se ayuda a las mujeres cabeza de familia para que tengan un empleo, mientras con el segundo, se hace una donación para que otra persona pueda acceder a una de estas herramientas emocionales.

Lo que hace Hugger Island es emprendimiento social, es generar capital para ayudar en obras sociales.

“No es una fundación que vive de la caridad o donaciones, sino que ella misma puede generar los recursos para su objeto social, el nuestro es generar bienestar emocional, porque creemos que el tema emocional es un condicionante también muy fuerte para ayudar a las personas a creer en sí mismas”, concluye Viviana.

Por Mateo García
Para EL TIEMPO